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Antonio Arjona Castro*
Director del Instituto de Estudios Califales de la Real Academia de Córdoba
Los textos árabes nos ofrecen un abundante vocabulario relacionado con el agua, considerada tanto en su estado propio como en las realizaciones humanas en que está presente este elemento: sus nacimientos, corrientes, cauces, masas y depósi-tos naturales y artificiales, sus accidentes, y los variados dispositivos en que ha intervenido la mano del hombre para canalizar y aprovechar sus beneficios o para prevenir sus estragos.
Hoy nos vamos a referir a ese gran río que rodea a Córdoba, elemento fundamental para su vida, y testigo de su historia .
La mayor parte de las ciudades y pueblos de la Península Ibérica que, a principios del s. VIII, conocieron la llegada de los musulmanes, conservaron, bajo el dominio de éstos, sus antiguos nombres, los cuales a veces adquirieron, eso sí, una fisonomía peculiar acorde con la mentalidad y el genio de la lengua que los nuevos dominadores trajeron. Algo análogo ocurrió con los nombres de los ríos. En el repertorio fluvial de al-Andalus, según hoy se puede contemplar repasando las obras geográfico-históricas, se comprueba la abundancia de nombres no árabes, preexistentes, prerromanos o latinos en su origen, que siguieron vigentes en la etapa musulmana, entre los cuales pueden recordarse, por más conocidos, los de los ríos más caudalosos. I
Entre los hidrónimos de aparente fisonomía árabe, destacan en primer lugar aquéllos que han conservado el componente Guad, o sus variantes, procedentes del étimo Wádí, que son ciertamente abundantes, pues entre los citados en documentos medievales y los actualmente vigentes en nuestra geografía, hemos podido acopiar numerosísimos.
Hay sin embargo alguna excepción entre estos ríos caudales, y la más acusada es la del antiguo «Baetis», que pronto fue llamado, en árabe, al-Wadi-l-Kabir, ‘el Río Grande’, actual Guadalquivir. La expresión «Río Grande» para designar una corriente de agua que, en comparación con otras más o menos próximas, lleva un superior caudal, es de elemental imposición en cualquier área lingüística. Dentro de nuestra Península, los autores árabes aplican corrientemente esa expresión a otros ríos considerados caudalosos, y así leemos por ejemplo: «el gran río (an-nahr al-kabir) llamado Ebro»; «el gran río Duero (wádi Duwayro al-kabir)»; Toledo «está situado a orillas del río grande (an-nahr al-kabir)»; «Murcia se encuentra sobre un gran río (nahr kabir) que riega todo su territorio»; etc.
De todos modos, el ‘Río Grande’ por excelencia, en la Península, fue el gran río andaluz, el Guadalquivir, que a veces aun se magnifica con más altos calificativos, como an-Nahr al-Akbar o al-A’zam ‘el Río Mayor’. A pesar de ello, el nombre anterior, «Baetis», no es enteramente desconocido, pues se registra en casos oportunos con la grafía Bita y Biti.
En los resultados romances podemos observar la ausencia del artículo al- determinativo del primer elemento, artículo que es preceptivo en puro árabe pero que en árabe hispánico dialectal no solía emplearse, como está comprobado en otros muchos casos de estructura análoga. Tales resultados responden pues a la construcción propia del árabe andalusí, construcción que a veces se refleja incluso en los textos de árabe literal en que dichos nombres se insertan.
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Según Mas’üdl, al-Wádí-I-Kabír es la alcazaba (=el más importante) de al-Andalus. Desciende del monte situado al oeste de Baza, en el sitio llamado Fayy ad-Daylam) (Peña Negra. Sierra de Cazorla), que domina la ciudad de Qayyáta (=Quesada), pues nace de una fuente que hay allí, y se llama al-Wádi-l-Kabír desde el principio de su nacimiento hasta su desembocadura en el mar; se le dio este nombre en la época de los Omeyas, porque antes, en la época de los rum (cristianos) su nombre era Tadblr. Muchos creen que al-Wádi-I-Kabir y el Wadí Tudmir que baja hacia Murcia, nacen de una misma fuente que se divide en dos partes, una parte que baja hacia Córdoba y otra parte hacia Murcia, pero no es como dicen ni existe entre ambos comunidad en el origen ni en el nombre: el de Murcia se llama Tandáyar (variante Tay-dáblr).
Si alguien pregunta por qué los árabes llamaron a este río al-Wádi-1-Kabir, la respuesta es que lo llamaron así por honra de Córdoba, capital del reino de al-Andalus y la mayor de las ciudades del mundo (variante: la mayor de las ciudades del Islam en al-Andalus); por eso mismo, el monte que se alza sobre ella se llama Tay al-’Arüs ‘la Corona de la Novia’, como si Córdoba fuera la novia y el monte su corona, pues en él están sus cármenes sus almunias y sus jardines. Este río nace pequeño de su fuente, y se engrandece por la afluencia de varios arroyos y de al-awdiya (ríos, torrentes, plural de al-wádi),y corre sobre tierra una distancia de diez parasangas: lo primero que en él cae es el agua de la fuente que está en el hisn, o castillo, de Furnus (=Hornos) del ‘amal o distrito de Segura, hasta que llega a la peña llamada Hayar al-Mass, en el lugar conocido por al-Qastar, y se hunde en tierra de manera que corre subterráneo y no queda rastro de él en una longitud de cien marya’, bajo tierra ya parece en el Tranco de Beas; por eso no se transportan por él las maderas como se transportan por el Wádi-l-Ahmar (=Guadalimar); después de esto, sale al-Wádi-l-Kabir mayor que antes y desciende hacia la mezquita conocida por Masyid al-Qassára, cuya celebridad hace innecesario describirla; luego baja hacia el lugar conocido por Billy , Vado de Velez, frente a la ciudad de Übeda, y cae en él el nahr llamado Wadi-l-Ard (=Guadalimar, río de la tierra, “al-Ard”), en el lugar llamado Hisn az-Zayr (=Iznadiel).
Antes de Llegar a Córdoba el Guadalquivir recibe como afluente al Gudalmellato (Wadi Armillat), también llamado Shaws, Salado, por cuyo estrecho valle excavado en la calizas paleozoicas subía el viejo camino de Córdoba a Toledo zona cargada de historia, donde estaban los famosos monasterios mozárabes que cita san Eulogio, pues no lejos de sus desembocadura, en lugar llamada Montaña de los Puentes, se produjo la derrota de los cordobeses a manos de los bereberes el día 15 de noviembre del 2009, lo que supuso el saqueo de Córdoba.
La singularidad de Córdoba en relación con el Guadalquivir procede de una doble motivación, no compartida por ninguna de las restantes provincias béticas. En este sentido, Córdoba ocupa una posición de centralidad en el curso fluvial, pues se sitúa en su tramo medio, al tiempo que el mismo río Guadalquivir es el más claro ejemplo de centralidad de la “cora”, o provincia, de Córdoba, tanto por discurrir a lo largo de una línea que equidista de los confines septentrional y meridional, como por constituir una bisagra horizontal que engarza los dos dominios geográficos elementales de su cora, o provincia musulmana: el ámbito mariánico y el bético, al que se adosa el subbético. Desde Montoro (Muntur= Monte de los Godos) a al-Qasab (Cañabolo= Puebla de los Infantes).
El Guadalquivir es el río peninsular que tiene sus tramos mejor diferenciados, circunstancia a la que contribuyen su nacimiento en las altas cumbres de la Sierra de Cazorla y su desembocadura en el Golfo de Cádiz tras sortear las tierras bajas de las Marismas. Entre los cursos superior e inferior tan netamente definidos, se sitúa el tramo medio, cuya principal característica es la homogeneidad en el trazado y en la pendiente.
Sea como fuere, lo cierto es que la plenitud del curso medio es la comprendida entre Montoro (Muntur) y Lora del Río (Lawra), tramo en el que la trayectoria rectilínea del río en dirección suroeste es máxima, alterándose solamente por las ondulaciones que los meandros imponen al curso de agua. El segmento fluvial concretado entre ambas localidades está lleno de sentido geográfico desde la perspectiva cordobesa, pues sus extremos oriental y occidental equidistan al mismo tiempo de los límites administrativos de la cora de Córdoba y de la capital, Muntur (Montoro) y al-Qasab (Cañabulla-Puebla de los Infantes), y cuya situación no es, ni mucho menos, una cuestión de azar geográfico.
De otra parte, la centralidad que tiene el río Guadalquivir con relación a la provincia le convierte en elemento de partición geométrica del espacio cordobés. A la derecha de su curso, conformando la mitad septentrional de la provincia, se extiende Sierra Morena, en los distritos de la cora de Córdoba como La Jara (as-Shara’) y, a la izquierda, es decir, al sur del río, La Campiña (Qannbaniyya), que cruza el Gaudajoz -versión árabe del Salsum- por donde anduvo César en su campaña contra Pompeyo, y bordea las ruinas de las famosas ciudades de Ategua, Itucci (Cerro Paredones ) y Ulía, y lame los muros de Bayyana ya en los comienzos de la Subbética.
El Guadalquivir se convierte así en verdadero eje de la provincia. No obstante, se trata de un eje carente de simetría, pues su curso marca la línea de separación de dos conjuntos sub provinciales muy diferenciados geográficamente.
Después de rebasar la confluencia con el río Yeguas y el tramo fronterizo con la provincia de Jaén, el Guadalquivir entra en Córdoba por Villa del Río, la antigua Aldea del Río , cerca de la antigua Epora (Muntur= Montoro) a una cota de 155 metros sobre el nivel del mar. Desde aquí, en un breve tramo de orientación NW, ornado de meandros, algunos muy abiertos y otros de pequeño radio de curvatura, se encamina hacia Montoro, localidad cuyo bello emplazamiento fue recortado por un meandro que tiene de particular el ser una incursión del Guadalquivir en los materiales paleozoicos de Sierra Morena, los cuales están al descubierto en el lecho fluvial, una vez que éste cizalló la cobertura miocena y triásica.
Desde Montoro, la romana Epora y musulmana Muntur, hasta Córdoba, el curso se hace más divagante, los meandros más irregulares y su curvatura, pronunciada. De éstos, los que presentan la convexidad hacia el sur como Las Quemadas, donde se ubicó la desparecida al-Madina al-Zahira, el existente a las puertas de Córdoba, llamado al-Yurf (El acantilado) que domina el llano de Arenal (ar-Ramla), poblado de almunias. Son los más desarrollados, como corresponde a la intensa acción de modelado que el río ha realizado sobre los materiales terciarios y cuaternarios de su ribera meridional. Aguas abajo de Córdoba, hasta Almodóvar, el Guadalquivir discurre exclusivamente por los terrenos de la depresión bética propiamente dicha, aunque rozando de continuo el borde de Sierra Morena.
El lecho fluvial gana en anchura, atravesando una serie de terrazas cuaternarias, llamadas por los musulmanes as-Sahla, que en las proximidades de Córdoba fueran aprovechadas por los musulmanes para la expansión urbana hacia el occidente de la Córdoba califal, y para construir en ellas numerosas almunias famosas por su lujo y decoración como Dar al-Na’ura. y en lo más alto de ellas, la famosa Madinat al-Zahra’.
En estos meandros se ha desarrollado la historia de Córdoba. En Montoro, la Epora romana y Muntur árabe (al-Bakri), es decir el Mont Gotorum “Monte de los Godos”, limes, o frontera, con la provincia de Bizancio , en época visigoda. En el meandro hacia el sur de las Quemadas está Valdeloeches (al-Walaya), el Ballish de las crónicas árabes, donde estuvo la efímera al-Madina Al-Zahira, la ciudad de Almanzor.
Y ya en la misma Córdoba, un meandro donde se ubicó el famoso Arrabal y amplios vados aprovechados para construir puentes como el famoso de Córdoba, del cual decía Ibn Hayyan:
“Madre que amamanta la ciudad, punto de confluencia de sus diferentes caminos, lugar de reunión de sus variados aprovisionamientos, collar que adorna su garganta y gloria de sus monumentos insuperables”.
En la misma Córdoba el río tiene un cauce ancho, y sus aguas, poco nivel aprovechado para cruzarlo a lomo de caballerías, como el Casillas, donde el lecho fluvial gana en anchura y servía para acceder a la famosa Dar al-Na’ura -la famosa almunia de los omeyas- y a los arrabales occidentales de Córdoba.
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Una de las obras más bellas escritas sobre Córdoba es el del médico y polígrafo granadino lbn al-Jatib. Su Elegía a Córdoba, la antigua Córdoba musulmana, que fue ornato del mundo, a la que nuestro autor, cuyo emocionado acento late en cada miembro de rima, brinda sus mejores piropos, casi siempre referidos también a su gran río. Con este canto a la noble ciudad, la vieja corte de los Omeyas, diríase que lbn al-Jatib llora también, anticipadamente, el desenlace que el destino tiene escrito para su patria, el Reino de Granada.
“Córdoba -¿qué te hará entender lo que ella es? Tiene alrededores que lucen las joyas y visten las galas de la vegetación; se rodea de montes sólidos, compactos, se orna de edificios que pueden competir con cualquier otro; posee la soberbia Madinat al-Zahra y bellezas sin cuento”.
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“Córdoba es lugar donde el halo de la luna del cielo, en la alta muralla, rodea una mansión y donde el río de la Vía Láctea, en su caudaloso río, cuya espada está desenfundada de la vaina de sus frondosas márgenes, la bordea;
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Donde el Zodiaco, -La Noria- en regulada rotación forma un círculo continuo y repite suspiros porque anhela y evoca al primer amante (el Islam).
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Donde está la Sierra, como la corona, se orna con la plata, -la dulce agua como la miel- relegando la diadema de Cosroes y la de Darío.
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Donde los arcos del largo puente que se extiende desde el alcázar son como una caravana de incontables camellos al vadear el río.
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Donde las huellas del amirí (Almanzor), combatiente por la fe desprenden de aquellos lugares de encuentro fragante aroma.
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Donde generosas doncellas -las nubes- visitan queridas novias -las huertas- llevando a ellas perlas para derramar;
Donde el vino fresco -el viento del Norte- circula sobre los copudos árboles, al amanecer. Y al atardecer; y así, tú ves las ramas ebrias sin estarlo;
Donde la mano de la apertura desflora, en las rojas anémonas de los valles, vírgenes;
Donde los labios risueños de las camomilas son besados al alba, por lo visitantes céfiros;
¡Así laten los corazones de las celosas estrellas!;
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Donde el viejo oratorio, espacioso y de alto alminar, relega la nave (de la mezquita) del Califa al-Walid con desprecio.
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Donde las faldas de las montañas aparecen como si, por el deslizamiento de las nubes, fueran regazos de las vírgenes.
Donde las cimas tranquilas del alto bosque son destrozadas por las torronteras; Córdoba ofrece todas las gracias que quieras: espacios verdes, feria de belleza, lugares de sesteo y sotos ¡cuántas melodías de ruiseñores hay en ellos! ¡cuántos trinos agudos tienen su réplica en otros graves! y espigas que, sobre sus tallos y altas cañas, parecen hamzas sobre álifes; y valles ignorantes de la realidad de la sequía y que, por ello, piden conocerla en desquite; valles que sólo emplean al servicio de las blancas corolas las flores, al abrirse las azucenas y los narcisos, los esclavos -las negras abejas-;
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.…y un mar de cultivos cuyas orillas no se alcanzan y a cuyo lejano fin no llega quien por él navega;
*Comunicación leída durante la presentación del libro “El enigma del agua en al-Andalus”, de Cherif Abderrahman Jah. Córdoba, 20 de septiembre de 2012.